Cultura

Cronistas africanos cantan una historia mandinga

En los lejanos imperios africanos, los guardianes mandinga daban a conocer los sucesos de su pueblo

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Los guardianes mandinga daban a conocer los sucesos de su pueblo |

Redacción Central |

Uno de los pocos monumentos en el mundo que recuerda la historia inolvidable de los esclavos africanos contra la explotación colonial está dedicado a Kunta Kinté,  un musulmán de la etnia mandinga cuya vida relatan los guardianes o bardos de ese pueblo, acompañados de la kora.

Kunta fue capturado por cazadores europeos, con destino a la Trata, mientras trabajaba en su aldea en Gambia. Tras un duro viaje a través del Atlántico fue llevado como esclavo a América durante la Colonización, para sustituir el trabajo de la población aborigen.

Nunca aceptó ese destino e intentó cambiarlo varias veces. Debido a sus tentativas de fuga en Maryland para recobrar la libertad, fue vendido al dueño de otra plantación en Virginia, Estados Unidos, quien para someterlo le amputó un pie.

Ese comercio humano de explotación, llamado la Trata, permitió que del siglo XV al XIX  los colonialistas franceses, ingleses, portugueses y otros europeos, cometieran muchos abusos en África y América donde encontraron fuerte rechazo.

Pese al látigo, el cepo, la separación familiar y natal, entre otras crueldades,  los esclavos respondieron a esos castigos con la rebelión y el cimarronaje,  acciones en las que mantenían posturas heroicas.

La actitud de los africanos, como Kunta, inspiró numerosos relatos épicos, contados y llevados a la literatura por Harold Courlander, en la novela El Africano, y a la televisión, a través del serial, Raíces, del escritor afroamericano Alexander P. Haley.

El pueblo Manden

El pueblo mandinga conocido también por el nombre de sus lenguas, como mandika, malinké, mandé o manden, es originario del Sahel occidental. Descendiente de los pueblos del centro del Sahara.

Esa comunidad, integrada ahora por 13 millones de personas en África Occidental, es un mosaico de naciones que han adoptado las tradiciones, los nombres y la lengua de los manden.  En la actualidad residen en Gambia, Guinea, Guinea Bissau, Senegal, Mali, Sierra Leona, Liberia, Burkina Faso y Costa de Marfil.

Los manden fueron los fundadores de los antiguos imperios de Ghana y de Mali, así como del Imperio Songhay del este de África. Algunas características los vinculan a los bafour de Mauritania y con los fulani y wólof de la costa atlántica.

Hallazgos arqueológicos demuestran que durante la Edad de Piedra, los mandinga fueron los primeros en tener asentamientos fijos que construyeron en los promontorios de los acantilados de Tichitt-Walata y Tagant, en Mauritania.

Según el historiador guineano Djibril Tamsir Niani, esas espectaculares ruinas prehistóricas representan uno de los establecimientos neolíticos más notables del mundo.

El poder en la sociedad mandinga basado en un sistema de castas lo ejercían una nobleza aristocrática y jerarquías militares. Había vasallos y esclavos producto de las guerras.

Se dedicaban a la agricultura y la ganadería. Hacían tallas de máscaras y extraían piedras preciosas para joyería. Comerciaban con los pueblos lejanos del Sahara.

En su cultura patriarcal destacan el aprendizaje oral de una generación a otra y las hermandades de hombres y mujeres. Son musulmanes, aunque no usan ropa árabe ni el velo.

Las pugnas entre reinos y la cacería humana afectaron la vida de los manden. Sin embargo, a pesar de la desertificación de su hábitat, la colonización para el saqueo de África, los conflictos étnicos y políticos, los mandiga continúan activos.

En la década del 60 del siglo XX, la mayoría de esos estados logró su independencia. Y el siglo XXI,  los encuentra combatiendo diferencias políticos-sociales, para alcanzar el desarrollo.

Guardianes de ayer y de hoy

Los pueblos manden vivían en casas de piedras, de calles bien trazadas en poblados amurallados, donde cada grupo social tenía su actividad. Entre las más apreciadas estaba la de los djelis o bardos.

A diferencia de otras comunidades, los mandinga transmitían su cultura de padres a hijos sin necesidad de la escritura.  Esa tradición ancestral mantenía en la memoria popular su linaje, sus mitos, así como las batallas históricas y sus tradiciones.

En los antiguos imperios, los djelis eran los relatores oficiales e informaban en los poblados los sucesos de reino. Sus canciones ceremoniales formaban parte de la vida política dentro de la cual actuaban como consejeros de los líderes manden.

Esos bardos profesionales mantienen viva aún la historia de su pueblo, cantando sus penas y alegrías con la kora, un instrumento original de las cortes reales de los antiguos imperios. Esa especie de arpa de 21 cuerdas se interpreta similar al láud o la guitarra flamenca.

Durante años, los djelis experimentaron nuevos modos para actualizar su música. En 2005 les llegó el éxito. El músico de Mali Tumani Diabeté, intérprete de la kora alcanzó una nominación al Grammy en el apartado, mejor álbum de Música Tradicional.

Recientemente, el cantautor Nino Galissa, miembro de una familia de djelis de Guinea Bissau, formó un grupo que acompañado de la kora, canciones contra la desigualdad social, al amor y a la paz en kriol, mandinga, portugués y español.

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