Cultura

¿Conocés el marango?

Con una gran dispersión geográfica, su redescubrimiento mucho le debe al cambio climático. Requiere profundas investigaciones científicas que validen su eficacia

marango
Arbol conocido como marango o moringa |

Redacción Central |

Considerado un árbol milagroso por las propiedades y aplicaciones que diversas culturas reconocen de sus partes, el marango tuvo su lugar entre antiguas civilizaciones como las egipcia, griega y romana.

Una de las 13 especies de la familia Moringaceae, la Moringa oleifera Lam (su nombre científico) es la más conocida y la más extendida, especialmente en zonas tropicales y subtropicales.

Originario del sur del Himalaya, el marango se extendió por otras partes de la India, Bangladesh, Afganistán, Pakistán, Sri Lanka, el sudeste asiático, Asia occidental y la península Arábica.

Diversas fuentes aseguran, sin ofrecer muchas pistas, que los soldados británicos trasladaron sus semillas de la India a Reino Unido para sembrarlas en sus jardines. También las llevaron a África.

Algunos creen que los franceses introdujeron el árbol de hojas perennes en el Caribe y de allí fue trasladado a Centroamérica y el resto de América Latina.

Con decenas de nombres, tantos como sus usos, otros dan cuenta que en 1920 ya se había naturalizado en la región, que lo empleó básicamente como cerca viva y cortina rompevientos.

Incluso en Nicaragua -donde se le conoce hace más de 90 años- su uso apenas trascendió lo ornamental, pues la mayoría de los agricultores convivían con un casi desconocido árbol que solo empleaban para tratar dolencias de la piel y la tos.

Sin embargo, su redescubrimiento –del que habrá que agradecer al cambio climático si científicamente se comprueban todas sus ventajas- está asociado a su utilidad como complemento alimenticio, tanto en humanos como en animales de ceba.

Su comprobada resistencia a la sequía y su adaptabilidad a terrenos, climas y temperaturas –aunque no resiste las heladas ni los encharcamientos del suelo- le otorgan puntos a favor cuando la ausencia de lluvias debilita o elimina otras plantas verdes.

En opinión de muchos, el marango tiene un futuro prometedor en la industria dietética, aunque numerosos académicos que se niegan a echar campanas al vuelo insisten en que son necesarias investigaciones locales.

Tales estudios permitirían comprobar casuísticamente las características del árbol, que puede alcanzar los 12 metros de altura, dadas las mutaciones sufridas en su traslado por medio mundo.

Con sus hojas verdes y flores de color crema que aparecen principalmente en la época de sequía, el marango llega a crecer en condiciones ideales de tres a cinco metros por año.

Sus frutos en forma de vaina son parecidos a una legumbre, pero de sección triangular de unos 40 centímetros de longitud. Las semillas son negruzcas, redondeadas y con un tejido a modo de alas.

Aunque echa poderosas raíces, sobre todo si se siembra mediante semillas (también puede crecer por estacas), dura apenas dos décadas. Su tallo –que alcanza unos 40 centímetros de diámetro- es de madera blanda y de olor agradable, lo que lo hace muy apetecido en la fabricación de carbón.

Más allá de la necesaria investigación para la comprobación científica de sus propiedades, el marango podría ser un excelente protector de la naturaleza si consigue convencer a productores y consumidores de sus bondades como árbol de la vida.

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