Cultura

Sobresale reina francesa en la corte y la cocina

Catalina de Médicis reinó durante la infancia de sus hijos y fue la iniciadora de la gran cocina francesa en la que  introdujo exquisitos platos, el tenedor y el helado

Catalina de Médicis
Catalina de Médicis | Wikipedia

Aurora Rondón |

Aunque tenga algo de cierto que el amor entra por la cocina es difícil imaginar a una gran dama italiana –devenida por matrimonio Reina de Francia- lejos de las frivolidades de la corte para convertirse en un gran exponente del arte culinario, el ballet y la moda.

Cuando hace unos años se instauró el premio Catalina de Médicis para galardonar la excelencia en la gastronomía, se reconocía la labor desarrollada durante años por la soberana francesa quien logró elevar a lo más alto, los vocablos sabor y poder.

Pero qué motivos encaminaron hacia la cocina a la pequeña italiana, coronada en su juventud reina francesa. , ¿lograr la excelencia en el arte de la comida o hallar una receta para olvidar un mal amor?

Nacida en Italia en 1519, en el seno de una familia de banqueros de origen florentino, quienes alcanzaron gran influencia económica y política a partir del siglo XIII, Catalina quedó huérfana a los 2 meses de nacida.

La orfandad materna fue quizás el motivo que encaminó los primeros pasos de la futura reina a la cocina, pues allí solía entretenerse observando la febril actividad de los cocineros, en busca de sabores únicos, para satisfacer a los distinguidos huéspedes.

Tras la observación pasó a la imitación, y con los años, a la creación de nutritivos manjares y dulces deliciosos cuya autoría, como la de los postres fríos, nadie se atreve a discutir.

La soberana en sus predios

La hija del gobernante Lorenzo de Médicis, se casó en 1533 con el duque de Orleans, que fue coronado Rey de Francia en 1547 -como Enrique II – pero Catalina tuvo poco poder y amor en el reinado de su marido, quien murió debido a un accidente deportivo.

Aunque  sufrió más de una década la infidelidad de su cónyuge con Diana de Poitiers -ignara en cocina, pero experta en otras artes- la afectó la agonía que padeció el rey antes de su muerte en 1559, por una lanza que le perforó el ojo y le causó una lesión cerebral.

Pese a su condición de concubina, Diana disfrutaba ciertos privilegios en la corte que entristecían a la reina, quien sola, con todo su poder y su riqueza, pues sus hijos pasaban mucho tiempo con los maestros preparándose para reinar, su único refugio era la cocina.

En ella logró célebres platos en los que empleaba la rica flora y fauna de la Toscana, región a la que pertenece la ciudad de Florencia, una zona agrícola italiana que es la cuna de Da Vinci, Rafael y Miguel Angel, ilustres figuras de la pintura universal.

Esa región aún conserva las huellas de su agitada historia, que se caracterizó durante los siglos XV y XVI,  por la disputa entre España y Francia por apoderarse de la península itálica.

Se cuenta que esta mujer, poseedora de una destacada inteligencia, supo defender a Francia de todos sus enemigos en determinados momentos históricos y que  fue reina y regente- durante  la infancia de sus hijos Francisco II y Carlos IX.

Francisco II murió en 1560 y Catalina continuó en el poder gracias a la regencia que le otorgaba la minoría de edad de Carlos IX,  quien fue rey en 1564. En ese tiempo Catalina trató de llevar a cabo la conciliación entre católicos y hugonotes.

Su destacada trayectoria en ámbitos tan ajenos como la corte y la cocina se desarrolló durante el predominio de los Médicis, en la época del Renacimiento, movimiento literario, artístico y científico que tuvo lugar en Europa, en los siglos XV y XVI.

Aportes de la reina Catalina

Crónicas sobre los banquetes de la época afirman que en el siglo XV, Catalina introdujo en Francia el uso del tenedor  de tres puntas, para evitar que los invitados a palacio comiesen con los dedos y les puso un mango largo que les permitía rascarse la espalda.

Catalina acostumbraba a llevar una especie de tenedor de mango largo a manera de cetro, el cual usaba en las fiestas del palacio y durante los Consejos de ministros, con el que indicaba orden en la sala o con un toque sobre la mesa, corroboraba una decisión.

Parece inverosímil que en ese período tan intenso, Su Majestad Catalina, además de sus labores monárquicas y literarias, pudiera dedicar tiempo a imprimirle su sello a la naciente gastronomía francesa.

En la historia del arte culinario como fenómeno cultural, se sitúa a la reina Catalina como la introductora en Francia de la alta cocina, en la que aún hay ejemplos de su lujo y  exquisitez.

A  la soberana se atribuye la introducción de nuevos productos alimenticios como las pastas, las espinacas, las alcachofas, las alubias y el azafrán. Son famosas sus recetas de pato a la naranja, jabalí asado en salsa volterra y trufas coloreadas, con dados de queso.

 Ella colocó la primera piedra de la gran “cuisine” francesa en la que introdujo recetas, utensilios y modales así como dulces de sabores, aromas y colores variados, además del consumo de aceite para cocinar, el empleo del aguardiente y otros licores.

Según notables chefs de cocina, mención aparte merecen sus postres fríos, entre los que destaca uno semihelado a base de una crema espesa, semejante al helado que se saborea hoy.

A la soberana francesa se debe también, el uso generalizado del perfume que debía ser aplicado en guantes y pañuelos, la creación de jardines y alamedas, la introducción del ballet moderno y el teatro en aquella sociedad.

La lista de sus aportes sería interminable, pero no debemos omitir la introducción del tabaco, con el que el doctor Nicolás Monardes logró curar las migrañas que padecía Catalina, y a partir de ese momento, se popularizó y empleó en varios padecimientos.

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