Cultura

“Más allá de la música y las máscaras (I)”

(Por: Juana Jústiz) Los carnavales son fiestas de gran arraigo popular. Una mirada a sus orígenes y evolución, así como a las más importantes fiestas de su tipo en Centroamérica es nuestra proposición inicial

Redacción Central |

(Por: Juana Jústiz) Los carnavales son fiestas de gran arraigo popular. Una mirada a sus orígenes y evolución, así como a las más importantes fiestas de su tipo en Centroamérica es nuestra proposición inicial

Las celebraciones han estado vinculadas al hombre desde sus orígenes como especie. En cada época, región o lengua; para agradecer a los dioses o festejar las victorias en las batallas o las buenas cosechas. Año tras año, de siglo en siglo, de abuelos a padres y de éstos a hijos. Así llegan los carnavales a nuestros días como ejemplo que une el pasado y el presente de los pueblos, como expresión de las más genuinas costumbres.

Los orígenes de estas festividades se ubican hace más de cinco mil años en las antiguas regiones de Sumeria y Egipto. Algunos historiadores defienden la teoría de que los primeros honraron al buey Apis en la civilización que creció alrededor de las márgenes del Nilo. Luego siguieron fiestas similares durante el Imperio Romano y, con la expansión de éste, la costumbre continuó por toda Europa. Baco, dios del vino, inspiraba las grandes algarabías en la cultura de los emperadores. A estas conmemoraciones se sumaban las saturnales (a Saturno) y las lupercales. Todas ellas de origen pagano.

Con la llegada del cristianismo las celebraciones comenzaron a realizarse antes de la Cuaresma, es decir, la fecha podía variar entre finales de enero y principios de marzo cada año. Dicha temporada se nombraba tiempo de las “carnestolendas” (o previo a la Cuaresma). Y, desde entonces, la Iglesia permitió durante estos días “cierto descontrol”, especialmente porque se rompía la represión a la sexualidad y a los severos rituales religiosos que seguirían durante la Cuaresma.

Fue precisamente durante la Edad Media que la Iglesia Católica ofreció la primera definición de la palabra carnaval que llega hasta hoy: del latín vulgar “carne-levare” que significa “abandonar la carne” (prohibición de la institución religiosa durante estos cuarenta días).

Siglos después surgió en Italia otra etimología que es la más conocida en la actualidad: la “época durante la que se podía comer”, proveniente del vocablo itálico “carnevale”.

Sin embargo, hace pocas décadas, a finales del siglo XX, los estudiosos comenzaron a explicarse el origen de la palabra desde las llamadas religiones paganas. Entre las tesis más defendidas se encuentran:

1. Podría relacionarse con fiestas indoeuropeas, dedicadas al dios Karna (que en el Mahabhárata aparece como un ser humano, hermano mayor de los Pándavas, hijo del dios del Sol y la reina Kuntí).

2. Carna es la diosa Celta de las habas y el tocino.

3. Otros creen que carnaval refiere una supuesta antigua tradición pagana en la que se ofrecía carne al dios Baal (carna-baal) en una fiesta donde todo vale.

Pero existe el consenso de que la principal asociación de estas fiestas es con el catolicismo y, en menor grado, con los cristianos ortodoxos. Por otra parte los pueblos protestantes tienen tradiciones modificadas, algo distantes del concepto de carnaval. Quizás el más conocido es el carnaval danés.

No obstante, los investigadores contemporáneos reconocen en las actuales algunas características descendientes de aquellas primarias: el carácter público; y combina algunos elementos como disfraces, desfiles, y fiestas en las calles. Así llegan hasta nuestro tiempo como tradición de diversas culturas, aunque los actuales incluyen otras iniciativas como los desfiles de comparsas y carruajes o carrozas.

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Aunque las culturas precolombinas practicaban rituales religiosos, las naciones americanas no heredaron totalmente de éstas sus actuales carnavales. La conquista del continente, fundamentalmente por España y Portugal, es la principal causa del origen de las celebraciones populares en nuestras latitudes.

Como en otras manifestaciones, los carnavales también simbolizan la mezcla cultural que acompaña a América: a través de los europeos llegan elementos de la fiesta de invierno (Saturnalia) y las celebraciones dionisíacas griegas y romanas (Bacanales); los amerindios con sus fiestas andinas prehispánicas; y danzas y cánticos afroamericanos.

A nuestro continente pertenecen algunas prestigiosas celebraciones: imposible olvidar Río de Janeiro (Brasil) con el carnaval más grande del mundo; el de Montevideo (Uruguay), el más largo y, por tal motivo, la ciudad fue declarada Capital Iberoamericana del Carnaval en 2009. Otras que resaltan son las de Barranquilla (Colombia); el boliviano, con mucha fama en Europa durante los últimos años; el de República Dominicana por sus personajes del folclor nacional; y México por su diversidad y gran número.

Para este primer acercamiento proponemos recoger las principales características de los carnavales en los países centroamericanos y caribeños. Apenas un pequeño esbozo a través de los más conocidos, longevos y exclusivos porque son innumerables las festividades que se realizan en cada ciudad, pueblo o zona de la región.

Honduras: El más afamado se realiza en la ciudad de La Ceiba y lleva por nombre Carnaval Internacional de la Amistad. Ocurre un único día (el tercer sábado de mayo) en honor a San Isidro Labrador, patrón de la localidad anfitriona.

México: La nación más grande de Centroamérica posee el mayor y más variado número de fiestas populares de la región. Aunque resulta imposible describirlas todas, es obligatorio recordar los de Campeche, Mérida y Puebla. También sobresalen los de Chimalhuacán, Mazatlán y Quintana Roo.

Los carnavales de Campeche, en la Península de Yucatán al sureste de México, tienen 429 años, por lo que ostentan el récord de longevidad en el país. De los tiempos fundacionales han llegado las comparsas típicas gracias a la influencia de las culturas africanas. No obstante, desde su creación en 1582 muchas han sido las transformaciones que han sufrido las fiestas. Por ejemplo, a inicios del siglo XX a la joven más bella le nombraban “Lucero” o “Estrella del Carnaval”, alrededor de los años treinta pasó a “Flor” y, finalmente, a la actual “Reina”. Otros méritos de la ciudad radican en las famosas coronaciones, las cuales se realizan en diferentes categorías (infantiles, los reyes del carnaval, la reina de televisión, etc.). En este sentido, vale mencionar que dicha ceremonia fue la primera en incluir reyes discapacitados.

También en la región de Yucatán se ubica la ciudad de Mérida, cuyas fiestas se realizan anualmente desde el siglo XIX. Lo tradicional y lo contemporáneo se unen en un show identificado por el protagonismo de los elementos mayas en los desfiles de comparsas y carros. Sin embargo, la presencia en los últimos tiempos de un gran número de marcas de cerveza ha desviado la atención del público de los espectáculos autóctonos. Las empresas implicadas aprovechan el escenario para desarrollar una fuerte disputa.

Mientras en Puebla, exactamente en el Barrio del Alto, se prefiere defender la historia local. Es característico las representaciones de personajes de la religión y del imaginario popular: El Huehue, Diablo, María (urbana), María (clásica) y La Maringuilla.

Nicaragua: Nuestra nación carece de una larga tradición carnavalesca. El único encuentro que se realiza llega apenas a sus once ediciones y ocurre en Managua, la capital, durante un solo día (por lo general el último sábado del mes de marzo). Es decir, el país solo tiene una única jornada de celebración. El gobierno sandinista, a través del Instituto Nicaragüense de Turismo (INTUR), y la Alcaldía de Managua son los promotores de este modo de recreación sana y gratuita para las familias. “Alegría por la vida”, nombre que recibe la fiesta popular, agrupa a una docena de carrozas provenientes de todo el país, a las que se unen unidades musicales de radiodifusoras juveniles y los clubes de Carros Wolkswagen Clásicos y de motos Harley Davidson, coches modernos y modificados, la compañía de cadetes del Ejército y las reinas de las fiestas patronales.

Sin embargo, las líderes son las agrupaciones teatrales, danzarias y musicales, cuya presencia ha aumentado paulatinamente hasta a más de un centenar en las recientes ediciones. Para la población nica lo más gustado recae en los grupos de la Costa Caribe, el Baile de Negras de Masaya y la Gigantona de León, expresiones folclóricas tradicionales. A su vez, como en otras similares del continente, también se eligen la Reina y la Mayordoma. El desfile recorre desde la rotonda Centroamérica hacia la Plaza de las Victorias, para finalizar en dirección a los Semáforos del Instituto Rigoberto López Pérez.

En cada edición las autoridades organizadoras seleccionan un sitio de interés turístico como tema central de “Alegría por la Vida”. Con ello se busca responder al interés gubernamental de promover las principales atracciones naturales e históricas de Nicaragua.

Panamá: Se nombran “Fiestas del rey Momo” y se celebran durante los cuatro días previos al Miércoles de Ceniza. Varias son las provincias que se unen para la conmemoración: Los Santos (con los carnavales de Las Tablas y La Villa de los Santos); Herrera (con los de Ocú y Chitré), la Ciudad de Panamá, entre otros.

El sello distintivo recae en los “culecos o mojaderas”, donde carros cisternas lanzan agua por mangueras para refrescar el fuerte calor del trópico durante las mañanas. Seguido en las tardes por desfiles y paradas de carros alegóricos presididos por Reinas con trajes extravagantes. (No faltan las usuales comparsas). Para las noches quedan los bailes públicos. Así ocurre cada día de celebración. Solo que en Las Tablas las Reinas deben lucir vestuarios diferentes para cada jornada pues en las cinco noches se ofrece un tema diferente: el viernes es la coronación de la reina entrante; el sábado luce un disfraz; el domingo con un vestido de coronación; el lunes, día de mayor gala, será el disfraz gigante; finalmente el martes llevará el traje típico nacional.

Las fiestas culminan en la capital con el entierro de la sardina, mientras en Las Tablas se realiza el Topon o quema de cohetes en el parque principal. Igualmente en este último poblado los habitantes festejan “el carnavalito” el fin de semana siguiente, conmemoración exclusiva para los residentes en la zona.

República Dominicana: En todo el país se desarrollan carnavales pero éstos varían según los antecedentes culturales de cada zona. Existen discrepancias entre los investigadores sobre la fecha exacta en que ocurrieron las primeras algarabías: algunos creen, debido a varias fuentes documentales, que existen antes de 1520; mientras otros defienden que datan desde febrero de 1520 cuando la visita del fray Bartolomé de las Casas motivó el festejo en Ruinas de la Vega Vieja. De cualquier modo, lo cierto es que tan solo esta última fecha (febrero de 1520) basta para reconocer dicho carnaval como el primero de La Española -nombre de la Isla por entonces- y de América toda. Los documentos de la época refieren que para la ocasión los habitantes de la Vega Vieja se disfrazaron de moros y cristianos.

La tradición, surgida desde los años fundacionales de la colonia, se extendió por todo el territorio. Ya para 1795, por ejemplo, la ciudad de Santiago de los Caballeros poseía carnavales para las fiestas patronales (en honor a Santiago Apóstol), el Corpus Christi y las carnestolendas.

Fue la guerra de liberación el suceso histórico que más influyó en la costumbre porque desde entonces se unieron también las conmemoraciones relacionadas: los días de la Independencia (27 de febrero de 1844) y de la Restauración (16 de agosto de 1865). Por tanto, en República Dominicana los principales carnavales recuerdan eventos de este tipo.

Otro aspecto llamativo es que en muchas regiones prevalecen rasgos de origen africano, debido al gran número de esclavos traídos por los colonizadores. En este sentido, no pueden olvidarse los llamados “carnavales cimarrones”, los cuales no guardan ningún vínculo con días patrióticos o católicos. Su nombre se debe a que, por lo general, se realizan en sitios donde otrora se ubicaron asentamientos de esclavos fugitivos o cimarrones. El más conocido de ellos ocurre en Cabral durante la Semana Santa.

Es así que se mezclan vestuarios, ritmos, danzas y personajes hispánicos y africanos.

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