Cultura

Publican cartas inéditas de Julio Cortázar

Se trata de las misivas que el escritor argentino envió a su amigo pintor y poeta Eduardo Jonquieres, la última de las cuales fue despachada desde Managua, Nicaragua

Julio Cotazar
El escritor argentino explica en las misivas a Eduardo Jonquieres que el gobierno sandinista decidió galardonarme con la Orden de Rubén Darío, lo que me emocionó mucho porque es la primera vez que la conceden a un extranjero. | Internet

Redacción Central |

Se trata de las misivas que el escritor argentino envió a su amigo pintor y poeta Eduardo Jonquieres, la última de las cuales fue despachada desde Managua, Nicaragua

Las cartas inéditas de Julio Cortázar a su amigo, el pintor y poeta Eduardo Jonquieres, escritas a partir de la década del 50, apenas se había radicado en Paris, fueron compiladas y publicadas por el sello Alfaguara para América Latina.

Las cartas tienen un lenguaje familiar, con referencias casi domésticas, que reflejan su deslumbramiento o decepción por el nuevo escenario de su vida y que van definiendo los temas narrativos que se reflejarán en su literatura en años posteriores.

Cortázar abunda en el correo con su amigo Eduardo y su esposa María especialmente entre 1950 y 1959, a un promedio de casi una carta por semana, pero las misivas se extienden, con intermitencias, hasta febrero de 1983, la última despachada desde Managua, Nicaragua.

El escritor argentino explica a Eduardo Jonquieres que el gobierno sandinista decidió galardonarme con la Orden de Rubén Darío, lo que me emocionó mucho porque es la primera vez que la conceden a un extranjero.

Aurora Bernández, albacea de la obra de Cortázar, recuperó esas cartas escritas a granel y que el escritor, en una de sus misivas, pareció reservar para un destino profético.

Dónde están las cartas perdidas? En qué estante, saca, desván, se van pudriendo poco a poco, envueltas en su tristeza de no haberse cumplido?, interroga en una ocasión el escritor argentino, radicado en París a partir de 1950, a su amigo y compañero de estudios desde mediados de la década del 30.

A la muerte de Jonquieres, en 2000, también en París como Cortázar, su viuda María Rocchi fue la paciente guardiana de 126 cartas, trece tarjetas postales y un recorte publicitario que el escritor envió desde febrero de 1950 a la última desde Managua. El febril intercambio epistolar comenzará a espaciarse a partir de 1959, cuando su amigo Jonquieres se instaló en París y un llamado telefónico alcanzaba para mantenerse en contacto.

Las cartas de Cortázar constituyen un diario personal, aportan su mirada sobre destinos geográficos y laborales, a veces desde ciudades lejanas como Nueva Delhi, y superpone apuntes y comentarios sobre exposiciones y museos, siempre con un lenguaje coloquial, que escapa a la producción literaria. Los editores explicaron que estas cartas suplían una conversación que la distancia dificultaba y son una suerte de diario personal y por ello las reproducimos con todas sus particularidades.

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