Cultura

Rubén Darío influyó en la poesía hispánica del siglo XX

El reconocido poeta nicaragüense fue el máximo representante del modernismo literario

Robén Darío
El poeta Rubén Darío, nacido en Nicaragua el 18 de enero de 1867 y considerado como el máximo representante del modernismo literario en lengua española, influyó en la poesía hispánica del siglo XX. | Wikipedia

Redacción Central |

El reconocido poeta nicaragüense fue el máximo representante del modernismo literario

El poeta Rubén Darío, nacido en Nicaragua el 18 de enero de 1867 y considerado como el máximo representante del modernismo literario en lengua española, influyó en la poesía hispánica del siglo XX.

Conocido como el príncipe de las letras castellanas, Félix Rubén García Sarmiento, su nombre completo, fue el primer hijo del matrimonio formado por Manuel García y Rosa Sarmiento, quienes eran primos segundos.

Su padre, aficionado al alcohol y a las fiestas, hizo que Rosa estando ya embarazada abandonara el hogar conyugal y se refugiara en la ciudad de Metapa, en la que dio a luz a su hijo, Félix Rubén.

La relación se deterioró y ésta terminó por abandonar definitivamente a su marido para irse a vivir con su hijo en casa de una tía, Bernarda Sarmiento, quien vivía con su esposo, el coronel Félix Ramírez Madregil, en la ciudad de León.

Rosa Sarmiento, madre de Rubén Darío, conoció después a otro hombre con el quien estableció su nueva residencia en San Marcos de Colón, en el Departamento de Choluteca, en Honduras.

Aunque de acuerdo a su fe de bautismo el primer apellido de Rubén era García, la familia paterna era conocida desde generaciones por el apellido Darío. El propio Rubén lo explicó en su autobiografía.

La niñez de Rubén Darío transcurrió en la ciudad de León, criado por sus tíos abuelos Félix y Bernarda, a quienes consideró en su infancia sus verdaderos padres. De hecho, durante sus primeros años, firmaba sus trabajos escolares como Félix Rubén Ramírez.

Se puede decir que apenas tuvo contacto con su madre, quien residía en Honduras; mientras que a su padre le llamaba “tío Manuel”.

Sobre sus primeros años hay pocas noticias, aunque se sabe que de joven trabajó como aprendiz de sastre.

Asistió a varias escuelas de la ciudad de León antes de educarse con los jesuitas. Esto, a partir de 1879.

Rubén Darío fue un lector precoz, pues de acuerdo a su propio testimonio, aprendió a leer a los tres años de edad. De él se conserva un soneto escrito en 1879, publicado en un diario. Se trata de la elegía “Una lágrima”, el 26 de julio de 1880. Sigue Fue Rubén

Poco después alcanzó fama como “poeta niño” y recibió la influencia de poetas españoles de la época. Más tarde se interesó por la obra de Víctor Hugo, que tendría una influencia determinante en su labor poética.

Sus obras muestran también la impronta del pensamiento liberal, hostil a la excesiva influencia de la iglesia católica, como es el caso de su composición “El jesuita” de 1881.

Ya en esta época, con 14 años de edad, intentó publicar un primer libro: “Poesías y artículos en prosa”, que no vería la luz sino hasta el cincuentenario de su muerte.

Gozaba de una creatividad y retentiva genial, y era invitado con frecuencia a recitar poesía en reuniones sociales y actos públicos.

Rubén se mudó a Managua y poco después, en agosto de 1882, se embarcó en el puerto de Corinto, hacia El Salvador.

Fue ahí cuando Rubén Darío intentó por primera vez adaptar el verso alejandrino francés a la métrica castellana. Este uso del verso alejandrino se convertiría después en un rasgo distintivo de toda la poesía modernista.

Aunque en El Salvador gozó de bastante celebridad y llevó una intensa vida social, participó en los festejos de la conmemoración del centenario de Bolívar, después pasó penalidades económicas y enfermó de viruela, por lo cual en octubre de 1883, todavía convaleciente, regresó a Nicaragua.

A su regreso trabajó en la Biblioteca Nacional y reanudó sus amoríos con Rosario Murillo. En mayo de 1884 fue condenado por vagancia a la pena de ocho días de obra pública, aunque logró eludir el cumplimiento de la condena.

Continuó experimentando con nuevas formas poéticas e incluso llegó a escribir un libro titulado “Epístolas y poemas”. Este segundo libro tampoco llegó a publicarse: habría de esperar hasta 1888, en que apareció por fin con el título de “Primeras notas”.

Probó suerte también en el teatro y llegó a estrenar una obra titulada “Cada oveja…”, que tuvo cierto éxito, pero que hoy se ha perdido. No obstante, encontraba insatisfactoria la vida en Managua y, aconsejado por algunos amigos, optó por embarcarse hacia Chile.

Desembarcó en Valparaíso el 23 de junio de 1886 y ahí, gracias a algunas recomendaciones obtenidas en Managua, recibió la protección de Eduardo Poirier y del poeta Eduardo de la Barra.

En julio de 1888 apareció en Valparaíso, gracias a la ayuda de sus amigos, “Azul…”, el libro clave de la recién iniciada revolución literaria modernista.

Su fama le permitió obtener el puesto de corresponsal del diario “La Nación”, de Buenos Aires, que era en la época el periódico de mayor difusión de toda hispanoamérica.

Poco después de enviar su primera crónica a La Nación , emprendió el viaje de regreso a Nicaragua, llegando al puerto de Corinto el 7 de marzo de 1889.

En San Salvador contrajo matrimonio civil con Rafaela Contreras, hija del famoso orador hondureño Alvaro Contreras, el 21 de junio de 1890. Al día siguiente de su boda se produjo un golpe de estado contra el entonces presidente, el general Menéndez.

En diciembre de 1890 le fue encomendada la dirección de un periódico de nueva creación El Correo de la Tarde . Ese mismo año publicó en Guatemala la segunda edición de su libro “Azul…”, sustancialmente ampliado.

Esta llevó como prólogo las dos cartas que el escritor español Juan Valera le dirigió, suponiendo su consagración literaria.

Viajó a Costa Rica y ya establecido en San José no era capaz de sacar adelante a su familia. Agobiado por las deudas, a pesar de algunos empleos eventuales, nació su primer hijo: Rubén Darío Contreras, el 12 de noviembre de 1891.

Al año siguiente, el gobierno nicaragüense lo nombró miembro de la delegación que ese país iba a enviar a Madrid con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América, lo que para Darío suponía ver realizado su sueño de viajar a Europa.

Entre las personalidades que frecuentó en la capital de España estaban los poetas Gaspar Núñez de Arce, José Zorrilla y Salvador Rueda, los novelistas Juan Valera y Emilia Pardo Bazán, lo mismo que el erudito Marcelino Menéndez Pelayo.

En noviembre regresó de nuevo a Nicaragua, donde recibió un telegrama procedente de San Salvador en que se le notificaba la enfermedad y muerte de su esposa, el 23 de enero de 1893.

A comienzos de 1893 renovó sus amoríos con Rosario Murillo, cuya familia le obligó a contraer matrimonio con la joven. En abril, el presidente colombiano Miguel Antonio Caro le había concedido el cargo de cónsul honorífico en Buenos Aires. Dejó a Rosario en Panamá, y emprendió el viaje hacia la capital argentina.

Conoció en Nueva York al ilustre poeta cubano José Martí, con quien le unían no pocas afinidades y realizó su sueño juvenil de viajar a París.

Ahí conoció a Jean Moréas y tuvo un decepcionante encuentro con su admirado Paul Verlaine, posiblemente el poeta francés que más influyó en su obra.

Regresó a su Nicaragua natal. Llegó a León, la ciudad de su infancia donde falleció el 6 de febrero de 1916. Las honras fúnebres duraron varios días. Está sepultado en la catedral de la ciudad de León.

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