Cultura

Se editan las Obras Completas del poeta nicaragüense Rubén Darío

El crítico y ensayista peruano Julio Ortega, fue el responsable de la edición definitiva de su obra, que llega a las librerías bajo el sello Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores

Redacción Central |

El crítico y ensayista peruano Julio Ortega, fue el responsable de la edición definitiva de su obra, que llega a las librerías bajo el sello Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores

Escritores como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, César Vallejo o Pablo Neruda se rindieron ante el magisterio de Rubén Darío, “el más dotado por el genio del español”, cuya Poesía inaugura ahora la publicación de las Obras Completas de quien fue “el poeta de las dos orillas”.

De la influencia que tuvo Darío en grandes escritores de España e Hispanoamérica, y del “milagro” de su genialidad, hablaron este jueves el editor Nicanor Vélez y el crítico y ensayista peruano Julio Ortega, gran experto en el autor de “Azul” y responsable de la edición definitiva de su obra, que llega a las librerías bajo el sello Galaxia Gutenberg Círculo de Lectores.

Esta editorial, que ya ha acometido proyectos tan ambiciosos como este con autores como García Lorca, Neruda, Vargas Llosa y Cortázar, acariciaba la idea de publicar las obras completas de Darío desde hacia “más de diez años”, pero no era fácil encontrar al experto que “superase el nivel de las ediciones parciales” que hay en el mercado, explicó Vélez.

Julio Ortega, profesor de la Universidad estadounidense de Brown y, según Vélez, “uno de los mejores críticos” de la actualidad, aceptó el reto de recoger en tres volúmenes la obra de Darío, pero “sin caer en la trampa de publicar absolutamente” todo. Por eso se han dejado fuera “los versos rimados” que el poeta soltaba en ceremonias y “salones mundanos”.

En el volumen de “Poesía” (el segundo incluirá las “Crónicas” y el tercero, los “Cuentos, crítica y prosa varia”) Ortega ha huido del criterio cronológico y ha apostado “por el gran Darío”.

Tras la introducción de Ortega y el extenso prólogo del mexicano José Emilio Pacheco, se ofrecen en primer lugar, bajo el título de “Obra mayor”, los libros esenciales de quien fue figura central del Modernismo: “Azul” (1888-1890), “Prosas profanas y otros poemas” (1896-1901), “Cantos de vida y esperanza” (1905), “El canto errante” (1907), “Poema del otoño y otros poemas” (1910) y “Canto a la Argentina y otros poemas” (1914).

A continuación se incluyen los “Libros de transición”, correspondientes a la época de formación de Darío, donde ya se percibe “un dominio del oficio y una maestría formal fuera de lo común”, y en tercer y cuarto lugar, sus “Primeros poemas” y los “Poemas dispersos”.

Los editores han procurado establecer un texto “totalmente riguroso”, han restablecido la puntuación original y se han regido “por el oído fino del poeta” para la acentuación.

Quien nació como Félix Rubén García Sarmiento, y a partir de los 14 años se llamó Rubén Darío, “es un milagro; no hay explicación para su genio, salvo ese talento que sintoniza con la música verbal y que transforma la poesía de su tiempo”, aseguraba Ortega.

“Darío se apoderó de todas las tradiciones y de todos los lenguajes de la poesía para hacer un camino nuevo”, subrayaba el experto peruano.

La genialidad de Darío quizá tenga que ver con el español de Nicaragua, “una de las primeras lenguas democráticas de Latinoamérica, que no pasa por las jerarquías represivas de las clases sociales ni por las autoridades académicas tradicionales”, o quizá con que el poeta leyó a edad temprana a los clásicos.

Pero también, añadía Ortega, pudo deberse a que Darío “creía que las palabras estaban vivas, palpitantes, y por eso tenían relaciones eróticas”.

“Es un poeta del Eros, y de todo lo que encierra esa palabra de sensualidad, sexualidad, empatía, atracción, repulsión, es decir, de la capacidad de humanizar con el lenguaje el espacio contrario, aquello que es lo otro , el no yo “.

Rubén Darío no escribía para la posteridad; “lo hacía para el instante, y, como el Modernismo, estaba hecho en la conciencia de la fugacidad. Es el poeta de la fugacidad”, concluyó Ortega.

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