Cultura

Ruinas de León Viejo: Mucho por descubrir

El eslogan comercial de un conocido ron nicaragüense, Mucho por descubrir, viene a la mente al recorrer las ruinas de León Viejo, sitio arqueológico declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad hace siete años

Redacción Central |

El eslogan comercial de un conocido ron nicaragüense, Mucho por descubrir, viene a la mente al recorrer las ruinas de León Viejo, sitio arqueológico declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad hace siete años

En la explanada cubierta de árboles frondosos yacen, alineados al borde de lo que se asegura fue la Calle Real, los muros de algunas de las edificaciones más importantes de la ciudad fundada por el conquistador Francisco Hernández de Córdoba en 1524.

Aquí estaba la Casa de la Moneda, asegura la guía, mientras señala hacia unos cimientos y amago de paredes, de menos de un metro de altura y unos 90 centímetros de espesor.

El edificio era conocido también como la Casa de los Lamentos, porque los muros de ladrillo no eran lo suficientemente gruesos para acallar los alaridos de los indígenas que en su interior eran marcados con hierro candente, antes de ser vendidos como esclavos.

Frente a ella, unos montículos de arena volcánica cubiertos de hierba ocultan la que se cree era la vivienda del comendador de la villa, mandada a construir en ese sitio para tener a la vista el oro acarreado desde las minas, luego enviado a España.

Al final de la calle, emergen los pilares de la Iglesia La Merced, y justo enfrente, los restos de una inmensa casona que según reza en los Archivos de Indias, perteneció al comerciante Gonzalo Cano.

De la espaciosa vivienda construida en 1553, además de los muros, se conserva también el piso original de ladrillos y rastros de un primitivo sistema de desagüe, pero que decía mucho de la riqueza del inquilino.

Erigida a orillas del Lago Xolotlán (o Managua) y a la sombra del imponente volcán Momotombo, León de Imabite, como fue bautizada, tuvo una vida relativamente efímera como ciudad.

En 1610, los cerca de tres mil pobladores españoles cargaron todas sus pertenencias, entre las que se incluían los indios esclavos, por supuesto, y emprendieron el éxodo, atemorizados por las continuas erupciones del volcán, los temblores de tierra y la subida de las aguas del lago.

Algunos historiadores aseguran, sin embargo, que la ciudad fue destruida por un terremoto cuando todavía estaba habitada, por lo cual algunos la llaman la Pompeya de América.

Pese a su corta vida, León Viejo, como también se le llama ahora para diferenciarla de la ciudad homónima que levantaron los peregrinos más al noroeste, tuvo, como cualquier otra urbe colonial española del continente americano, su historia de sangre.

En 1526 su fundador, Hernández de Córdoba, trató de independizarse del gobernador Pedrarias Dávila, quien de inmediato se trasladó desde Panamá para decapitarlo en la plaza pública, por traidor.

Dávila murió de viejo, y por ironías del destino, fue inhumado junto a su decapitada víctima de años atrás, en la cripta de La Merced, de donde fueron desenterradas ambas osamentas, tras el descubrimiento de las ruinas en 1967.

Una estatua colocada al final de la Calle Real recuerda al visitante las crueldades de la conquista y los sufrimientos de los indígenas.

Representa a un guerrero o Tapaligit atacado por un perro, en alusión a los 19 indígenas que murieron despedazados en la plaza pública por los mastines de Dávila, quien de esa forma quiso dar un escarmiento, luego de un frustrado intento de sublevación.

Según los especialistas, más del 60 por ciento de la ciudad permanece enterrada bajo capas de arena aluvial y de ceniza volcánica, lo cual corrobora que aún hay mucho por descubrir en León Viejo.

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