Cultura

En tren a vapor, García Márquez regresó a su “Macondo” natal

Aracata, Colombia – Una locomotora a vapor pintada con mariposas amarillas bordeó extensas plantaciones de banano este miércoles hacia Aracataca, en el Caribe colombiano, llevando consigo al Nobel Gabriel García Márquez, en un retorno a su “Macondo” natal tan mágico como su literatura

Gabriel García Márquez
El colombiano Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura (1982), recorre en carruaje su natal Aracataca junto a su esposa Mercedes Barcha, el 30 de mayo de 2007. | AFP

Redacción Central |

Aracata, Colombia – Una locomotora a vapor pintada con mariposas amarillas bordeó extensas plantaciones de banano este miércoles hacia Aracataca, en el Caribe colombiano, llevando consigo al Nobel Gabriel García Márquez, en un retorno a su “Macondo” natal tan mágico como su literatura

“Miren a toda esa gente y después dicen que uno fue el que se inventó a Macondo”, comentó el escritor mientras saludaba por un ventanilla a quienes se agolparon para mirarlo.

La locomotora comenzó el recorrido en el puerto Santa Marta (costa Caribe) con más de una hora de retraso, provocado por la afluencia de cientos de personas que querían viajar junto a “Gabo”.

El escritor, quien en marzo cumplió 80 años, viajó acompañado de su esposa Mercedes Barcha y un grupo de amigos, entre ellos el compositor Rafael Escalona, así como escritores y periodistas con los que trabajó. El presidente panameño Martín Torrijos, quien estaba entre los invitados, finalmente no llegó.

García Márquez reía para sí mientras -a través de la ventana del tren- veía que al paso de la máquina y el sonido de sus fuelles miles de mariposas amarillas salían de los arbustos, y en las estaciones de cada poblado por las que pasó pudo percibir el olor de la guayaba, el fruto tropical que siempre ha dicho añorar.

Al llegar cuatro horas más tarde a Aracataca, una multitud rodeó el tren, mientras estallaban juegos pirotécnicos y se levantaba una nube de globos amarillos. “Gabo” debió esperar varios minutos para poder salir del tren en medio de una oleada de brazos que le extendían libros para que los firmara.

“Fírmame esto, Gabo, es lo único que tengo”, le dijo uno de sus paisanos, Hugo Fernández, mientras le extendía un catálogo de libros.

Una enorme pancarta con un “Bienvenido al mundo mágico de Macondo” saluda a la entrada del pueblo donde nació el escritor en 1927, y le dice al mundo que en sus calles polvorientas, azotadas por el calor y el abandono estatal, se gestaron muchas páginas de Cien años de soledad .

Aunque los pobladores fustigan a García Márquez por no regresar a Aracataca desde hace más de dos décadas, el médico Guillermo Valencia, contemporáneo del Nobel y -según dijo a la AFP- uno de sus amigos de niñez en el colegio Montesori de Aracataca, justificó la prolongada ausencia.

“Aunque no lo dice públicamente, para él retornar a sitios donde creció es una especie de recoger sus pasos, y eso le hace reflexionar sobre la cercanía de la muerte y lo deprime”, dijo.

Otro amigo de la niñez, Alfredo Correa García, recuerda haber escuchado a “Gabo” hace décadas, cuando siendo aprendiz de escritor le dijo adiós al pueblo, que sus coterráneos sólo lo volverían a ver “cuando lo estuvieran velando”, en sus exequias.

“Lo que más nos gusta de este viaje de retorno de García Márquez a su región es la esperanza que les lleva. El mensaje que Gabo quiere dejar es que el tren les llega con cosas buenas, es su manera de poner la literatura al servicio del bienestar común”, comentó Carmen Rosa Saade, directora de cultura del departamento de Magdalena, donde queda Aracataca y cuya capital es Santa Marta.

El Nobel colombiano (1982) fue homenajeado en marzo por las Academias de la Lengua Española, como el escritor en esa lengua más influyente en el mundo.

“Me siento formidable. Al fin y al cabo me encuentro rodeado de mis amigos”, dijo recientemente el escritor a la AFP al referirse a los homenajes programados a lo largo de 2007 cuando se cumplen 25 años de haberle sido concedido el Nobel y 40 de la publicación de “Cien años de soledad”, cuya edición conmemorativa ha vendido más de un millón de ejemplares desde marzo.

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