Cultura

Cajones y laptops se mezclan en nueva música peruana

Lima – Mientras un quinteto de indios quechua toca una solemne marcha andina en arpa, clarinete y violín, sus notas musicales se dibujan en forma de ondas sobre la pantalla de una computadora en un moderno estudio de grabación

Redacción Central |

Lima – Mientras un quinteto de indios quechua toca una solemne marcha andina en arpa, clarinete y violín, sus notas musicales se dibujan en forma de ondas sobre la pantalla de una computadora en un moderno estudio de grabación

En un oscuro y humeante cuarto de ensayo en un extremo de la ciudad, un ingeniero de sonido manipula una consola, mezclando ritmos electrónicos con los golpes y aplausos de un sudoroso percusionista que toca conga.

La música peruana a menudo nos trae a la mente imágenes de habitantes de las montañas vestidos con ponchos, soplando a todo pulmón en zampoñas la melodía de “El cóndor pasa,” la canción que se hizo famosa en 1970 gracias a una versión del dúo estadounidense Simon & Garfunkel.

Pero como parte de una ola de fusiones musicales que atraviesa Latinoamérica, los peruanos están usando alta tecnología para dar a los tradicionales géneros acústicos locales una novedosa sacudida electrónica.

“La música de los Andes representa una visión de la vida que no es occidental,” dijo el ex roquero de la década de 1980 Miki González, quien ha fusionado ritmos electrónicos y andinos en su último disco, “Inka Beats.”

“Mucha gente me dice: a mí no me gusta la música andina , pero sí me gusta de esta forma,” agregó González.

La música peruana, como su geografía y mezcla étnica, es un caleidoscopio que incluye ritmos negros, originalmente ejecutados por esclavos en cajones de frutas, y mutaciones tropicales de valses vieneses, que alguna vez fueron populares en la élite europea del siglo XIX.

Los nuevos híbridos electrónicos -en línea con similares fusiones de tradicional música mexicana, argentina y brasileña- son también diversos.

DESDE AFRICA

En un estudio de un barrio cercano a los acantilados de Lima, una vocalista negra canta a viva voz un estremecedor vals afro-peruano, mientras el resto de la banda, llamada Novalima, hace retumbar las paredes con una percusión explosiva y un poderoso bajo.

Inspirado en la música que los esclavos africanos tocaban tras la conquista española, el disco de Novalima “Afro” utiliza “samplers” -fragmentos de sonidos previamente grabados- y máquinas de secuencias, así como antiguos instrumentos de percusión como la quijada de burro y la “cajita,” un depósito de madera que se usaba en las iglesias para recolectar limosnas.

“La parte electrónica es un instrumento más,” dijo Grimaldo del Solar, uno de los miembros de la banda, mientras se movía alrededor de una laptop cuya pantalla brillaba en la oscuridad de la habitación y bebía ocasionalmente de la botella de licor que el grupo compartía para relajarse.

Muy variada y a menudo instrumental o cantada en lenguas indígenas, la música de los andes peruanos se remonta a la época de los incas, con cientos de estilos que cambian de un pueblo a otro.

Mientras graba “samplers” en vivo para su nuevo disco en su estudio de Lima, González coloca los micrófonos para los músicos provenientes de la fría ciudad de Jauja, ubicada en lo alto de la cordillera. Uno de los músicos tiene 85 años.

Una mágica “muliza” -que se basa en el sonido que el andar de las mulas produce mientras pasa por las montañas- garabatea líneas multicolores en el monitor de su computadora Macintosh.

VALS PERUANO “CHILLOUT”

En bailes dominicales en Miraflores, un barrio limeño ubicado al lado del mar, parejas de ancianos elegantemente vestidas giran al ritmo de románticos valses criollos, que parecen rayados por el polvo y los años.

La música criolla combina guitarras, voces en armonía y un tambor hecho con una caja de madera llamado “cajón.”

Ningún viaje a bordo de un taxi en Lima está completo sin un vals criollo y el género es una de las especialidades de los cantantes de restaurantes, pero los peruanos más jóvenes lo consideraban pasado de moda, hasta que el productor de canciones publicitarias Jaime Cuadra hizo nuevas mezclas de esta música.

El resultado es el disco “Cholo Soy-Peruvian Waltz Chillout,” que sazona el género con ritmos intensos y “samplers” e invade el ambiente de los restaurantes gourmet y bares más populares de Lima.

A pesar de la nueva tendencia, la música electrónica aún es una novedad en Perú y los músicos tradicionales aseguran que no hay nada que reemplace las versiones acústicas originales.

Los viernes por la noche, cientos de peruanos repletan la tradicional taberna “Don Porfirio,” donde la música criolla y afroperuana es tocada y también bailada.

Mientras una banda de música afroperuana tocaba diferentes ritmos sin ninguna computadora o máquina de secuencias a la vista, convirtiendo a los danzantes en un frenético y borroso remolino de caderas que giran entre gritos y aplausos, el percusionista de Novalima Mangue Vásquez tomaba su lugar con las congas.

“La multitud te incita a tocar,” dijo jadeando, mientras se secaba el sudor. “No hay nada como tocar en vivo,” agregó.

Para saber más acerca de la fusión en la música de Latinoamérica, visite http://www.novalima.net, http://www.nor-tec.org, http://www.gotanproject.com, http://www.bossacucanova.com, http://www.cholosoy.com.

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