Cultura

Intelectuales firman manifiesto contra la tortura

Guadalajara – Un grupo de intelectuales y escritores condenó el martes lo que consideran la legalización de la tortura por parte del gobierno estadounidense, a través de la ley que le da luz verde a las autoridades militares para interrogar a toda persona que estimen peligrosa para la seguridad nacional

Redacción Central |

Guadalajara – Un grupo de intelectuales y escritores condenó el martes lo que consideran la legalización de la tortura por parte del gobierno estadounidense, a través de la ley que le da luz verde a las autoridades militares para interrogar a toda persona que estimen peligrosa para la seguridad nacional

Los escritores señalaron que la ley está destinada a “humillar y deshumanizar a las personas y las comunidades” e implica un grave retroceso de los derechos humanos.

El grupo, que incluyó a los premios Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y de Literatura, José Saramago y Gabriel García Márquez, alertó sobre las graves consecuencias que acarrea la aprobación de la ley.

“La actuación de las autoridades norteamericanas pretende vestir con demagogia la razón de estado desnuda y tiene consecuencias globalmente más graves”, expresó el manifiesto cuya lectura estuvo a cargo de la escritora mexicana Ana Colchero.

“Si bien muchos otros gobiernos se sirven también de la tortura, no procuran legalizarla, no pretenden ser democráticos, no se proponen como el ejemplo a seguir, y sobre todo, no sostienen que con tales métodos se defienda y difunda la libertad”.

El manifiesto está contenido en el libro “Contra la tortura” y está firmado también por el argentino Tomás Eloy Martínez, el jurista brasileño Amilton Bueno de Carvalho, el uruguayo Eduardo Galeano y los mexicanos Carlos Monsiváis y Luis Villoro, entre otros.

Además, incluye cinco ensayos que exploran las distintas prácticas de tortura en América Latina y el mundo.

Eduardo Subirats, quien hizo la selección de los textos y tuvo a su cargo la redacción del manifiesto, se quejó de las pocas voces independientes al gobierno de Estados Unidos que se levantaron para condenar la ley.

Ello lo motivó a moverse en esa dirección y señaló que es una gran “oportunidad para hacer escuchar internacionalmente una voz latina desoída, excepto cuando se escuchan canciones” que es lo único que se promociona de esta región, afirmó.

Saramago, dijo que el libro no puede ser la única respuesta ante el problema, ni se puede quedar en las estanterías de las bibliotecas o las casas, que la idea es difundir el mensaje.

Señaló que es irónico que la raza que es capaz de hacer cosas tan bellas como las artes sea además capaz de cosas tan atroces como la tortura.

“El humano es el único animal que tortura a su semejante… Un gato no tortura a otro gato… es muy frustrante”.

El autor calificó como un acto de “profunda perversidad” que se trate de “compaginar el nombre de Dios” con la idea de permitir la tortura.

Y con su tradicional despliegue de refinado y constante sentido del humor propuso un “slogan” por estar en México: “Tequila sí, tortura, no”.

Carlos Castresana, uno de los autores contenidos en el libro, dijo que los pueblos corren el riesgo de que sus gobierno imiten a Estados Unidos y se propague el intento de legalización de la tortura.

Por ello “hemos querido hablar de aquello que nadie habla. Hemos querido romper el silencio que es cómplice”, expresó.

El escritor también se preguntó por lo que hará ahora el Senado y la Cámara de Representantes estadounidenses que quedaron bajo el dominio de los demócratas, lo que considera fue un mensaje claro de oposición a este tipo de políticas.

Dijo que los estadounidenses deben hacerle una exigencia a su Congreso para que derogue la ley.

Pilar Calveiro, otra de las ensayistas incluida, dijo que la mejor forma para entender el problema es tener conciencia de que anteriormente estas prácticas “se justificaban porque se trataba de otros “.

“Una de las cosas importantes para tratar de romper este círculo es poder empezar a asumir que los que parecen como los otros, son como nosotros. Está ocurriendo cerca de nosotros”.

“El otro soy yo”, resumió Saramago. “Se dice fácil, pero no lo es” y hay que empezar a internalizarlo, indicó.

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