Cultura

“Andalucía, quizás, tenga demasiado brillo”

Guadalajara – El escritor portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago, intervino hoy en el foro “Miradas sobre Andalucía”, celebrado dentro de la Feria Internacional del Libro de la ciudad mexicana de Guadalajara (FIL), donde dijo que “Andalucía, quizás, tenga demasiado brillo”

José Saramago
El escritor portugués José Saramago, intervino hoy en el foro 'Miradas sobre Andalucía', celebrado dentro de la Feria Internacional del Libro de la ciudad mexicana de Guadalajara. | EFE

Redacción Central |

Guadalajara – El escritor portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago, intervino hoy en el foro “Miradas sobre Andalucía”, celebrado dentro de la Feria Internacional del Libro de la ciudad mexicana de Guadalajara (FIL), donde dijo que “Andalucía, quizás, tenga demasiado brillo”

Saramago señaló que, como andaluz de adopción, ha podido observar que ese brillo de Andalucía “a veces impregna cada palabra y cada movimiento y puede ocultar algo más profundo”.

El escritor portugués participó en un coloquio junto al psiquiatra y escritor andaluz Carlos Castilla del Pino y la consejera de Cultura andaluza, Rosa Torres, quien les dio la palabra asegurando que “la mirada” de ambos intelectuales es “la mirada de la experiencia”, ya que ambos han cumplido 84 años.

“Andalucía no es sólo el baile y el flamenco; tiene una resonancia mucho más interior que también tiene que ver mucho con el paisaje y con la relación de los andaluces con el paisaje”, añadió.

Saramago recordó con orgullo ser andaluz de adopción, ya que Granada así lo designó al mismo tiempo que nombraba al escritor Francisco Ayala como Hijo Predilecto, además de que este mismo título de Hijo Adoptivo se lo concedió también el municipio granadino de Orce, donde un hallazgo paleontológico hizo pensar que podía haberse hallado al europeo más viejo, con más de 1,4 millones de años, y que la Universidad de Sevilla lo invistió “doctor honoris causa”.

Con estos antecedentes, Saramago explicó con humor y orgullo que “ahora, hacia el final de mi vida no tengo más remedio que ser andaluz”, si bien matizó que, como se deduce de la lectura de su novela “La balsa de piedra”, lo que él se siente en primer lugar es portugués, en segundo ibérico y en tercero europeo, si bien, confesó: “Las circunstancias de mi vida me han hecho más ibérico de lo que yo nunca hubiera podido imaginar”.

El premio Nobel portugués bromeó al referirse a la familia de su esposa, la periodista granadina Pilar del Río, la cual tiene catorce hermanos, por lo que dijo que “una familia andaluza es un terremoto”, y desaconsejó con ironía a los mexicanos asistentes a su charla que se hicieran miembros de una familia andaluza.

También bromeó con las peculiaridades granadinas afirmando, para asombro de los mexicanos concurrentes, que en España hay cuatro idiomas, – el catalán, el vasco, el gallego y el “granaíno” – y que ésta es una lengua que puede entenderse o no según el estado de ánimo y el carácter de quien esté hablando, y que será del todo ininteligible si quien lo emplea tiene “malafollá”, particularidad de la idiosincrasia granadina que renunció a desentrañar.

Carlos Castilla del Pino aseguró que, por su larga edad, él no ha conocido una sola Andalucía sino muchas y bien distintas, como la de su infancia y juventud, cuando él fue el único niño de su pueblo que pasó de la enseñanza elemental al Bachillerato; la del franquismo, del que dijo que perpetuó un analfabetismo en la región, donde rozó el 30 por ciento cuando murió Franco, y la de la democracia, “que empezó la renovación, como una revolución tranquilizadora”.

El escritor y psiquiatra añadió que esta renovación de la región ha demostrado que “Andalucía puede ser moderna sin perder aquello que hacía de ella que fuese pintoresca: su identidad es compatible con la modernidad”.

A la cuestión de si el estereotipo folclórico pesa aún negativamente sobre Andalucía y los andaluces, Castilla del Pino contestó que “ese estereotipo ha variado mucho, no tiene nada que ver con el que había antes”, ya que consideró que ahora los folclóricos “están profesionalizados y de sus espectáculos hace críticas el New York Times “.

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