Ciencia y Tecnología

Marango, ¿el árbol de los mil usos?

Provee alimentos, nutre los suelos, de sus partes se pueden extraer medicamentos, fertilizantes y aceite

moringa
Marango (Moringa oleifera) |

Redacción Central |

No se sabe a ciencia cierta cuántos usos posee. Tal vez pase del millar, pero lo que nadie duda es que el árbol de marango –hace pocos lustros apenas conocido- es un gran aliado en la búsqueda de fórmulas que hagan sostenible la vida en la Tierra.

A muchos científicos impresiona la velocidad con que crece la Moringa oleifera Lam (su nombre científico), pues obtiene en un solo año cuatro metros de altura de los 12 o 15 que puede alcanzar en dos décadas de vida, como máximo.

En otros cultivos podría aplicarse la hormona de crecimiento (el principio activo es la Zeatina, una hormona vegetal del grupo de las Citoquininas) que le permite a la planta tales saltos en talla. Frutales y maderables proliferarían sin los pasmosos años que necesitan para convertirse en productivos.

Algunos documentos, sin muchas precisiones, cuentan que llegó a Centroamérica en los años 20 del siglo pasado. Otros aseguran que era conocido en 1920 en Nicaragua, donde al inicio tuvo un uso ornamental, al admitir bien las podas.

Se pueden utilizar como árboles de sombra, pantalla visual y auditiva, incluso como cortavientos, aunque en el último caso se recomienda sembrarlo en grupos, pues los fuertes vientos pueden matar ejemplares solitarios.

Con raíces verticales y profundas, su alta productividad de biomasa que fertiliza el suelo, el marango es muy útil en sistemas agroforestales, sobre todo a través del llamado cultivo en callejones que protege contra el viento y el excesivo sol a especies herbáceas o de ciclo corto.

La madera del tronco, frágil y blanda, apenas tiene otro interés que la elaboración de carbón vegetal o pulpa de papel, con lo que daría alivio a otras especies maderables de más lento crecimiento.

Diversas fuentes señalan que su carbón no es de muy buena calidad, aunque como leña alcanza un poder calorífico de 4 600 kilocalorías por kilogramo.

Con el apoyo de alambres y vallas, el marango puede ser una cerca viva, que a la vez proporciona alimento humano y animal, dado que sus hojas, ramas, semillas y flores tienen alto contenido de proteínas y otros nutrientes.

La torta resultante de la extracción de aceite de las semillas es un fertilizante natural rico en nitrógeno, no sin olvidar que su biomasa aporta otros minerales al suelo y es fuente de energía: biogás.

El aceite de la semilla, al no producir humo, también es un excelente combustible para lámparas, sobre todo en lugares donde son menos que sueños la electricidad y el uso de tecnologías con bombillos LED.

Las simientes, que tostadas o hervidas tienen un sabor parecido a los frijoles, son uno de los mejores floculantes naturales conocidos y se emplean ampliamente en la depuración de aguas fluviales y turbias. También participan en la clarificación de miel y del jugo de la caña de azúcar.

Sin embargo, es importante hacer notar que con ese procedimiento el agua no se purifica totalmente, pero al menos se eliminan microorganismos que quedan atrapados en las macropartículas formadas por la acción de la semilla pulverizada.

De la corteza del marango se obtienen fibras para elaborar cuerdas, esteras y felpudos, también algunos taninos para curtir pieles y otras sustancias que tienen diversas aplicaciones industriales.

A falta de muchísimas investigaciones, el marango tiene mucho que aportar en la búsqueda de la sostenibilidad de la vida en la Tierra.

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