Ciencia y Tecnología

Marango al plato

Por su alto contenido proteico algunos sugieren consumirlo balanceado con otros alimentos. Todavía la planta es poco conocida

ensaladas y sopas de marango
Las vainas del marango se comen en ensaladas y sopas o hervidas con vinagre y sal |

Redacción Central |

El árbol de marango tiene el raro privilegio de ser comestible en su totalidad. Más allá de una moda pasajera, su consumo puede ayudar a los terrícolas en el afán de desterrar el hambre y la desnutrición.

No extrañaría verlo en los menús de restaurantes de lujo, o parte destacada de los ingredientes de preparados que recorren el mundo, o en los anuncios de televisoras como parte de dietas para adelgazar o para crecer sanos y rozagantes.

Algunos sugieren balancearlo con otros alimentos dado el alto contenido de proteínas que posee la Moringa oleifera Lam (su nombre científico), que alcanza el 25 por ciento en sus hojas, por ejemplo.

Tal proporción es similar a la del huevo, el doble de la leche, cuatro veces la cantidad de vitamina A de las zanahorias, cuatro veces la de calcio de la leche, más de una vez la vitamina C de la guayaba, tres veces más potasio que los plátanos…

Pero ojo, los estudiosos recomiendan hacer investigaciones locales para probar el contenido nutritivo y los efectos en las diferentes áreas, dadas las muchas variaciones en su adaptación a diversos climas en su traslado desde el sur del Himalaya.

Varias partes del marango, que lleva casi una centuria introducido en Nicaragua como en el resto de Centroamérica, contienen cantidades significativas de hierro, fósforo, sodio y otros minerales esenciales.

Sin embargo, entre los pequeños productores es poco conocida la planta que alcanza hasta 12 metros de alto.

Para dejar atrás ese desconocimiento, en 2012 el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional inició un proyecto con duración de cuatro años denominado Introducción y fomento del cultivo del Marango en Nicaragua, a través del Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa.

En líneas generales, el plan busca facilitar herramientas a los agricultores para garantizar la seguridad alimentaria frente al cambio climático y potenciar otra fuente exportable.

Si de alimento se trata

Su alta resistencia a la sequía -con hojas prácticamente perennes- hace a la planta un aliado en la mesa cuando escasean otros vegetales verdes. Por si fuera poco, es agradable al gusto.

Con un sabor intermedio entre el berro y el rábano, sus hojas -tal vez las más estudiadas- se pueden consumir crudas o cocidas. Hasta el momento la ciencia se inclina a emplearlas secas y en polvo, pues contienen mayor cantidad de nutrientes. Por ejemplo, darían un toque más nutritivo al gallo pinto.

Las flores de color crema, que aparecen principalmente en la época de sequía, son excelentes aditivos para tortillas, ensaladas y como té. También es una importante fuente de néctar para las abejas, que de ellas producen una miel de alta calidad.

Un sabor picante parecido al de los rábanos tienen las raíces de los árboles muy jóvenes (prácticamente en semillero), que son tuberosas con una raíz principal muy gruesa, a modo de pequeña zanahoria. Podría formar parte de cualquier guiso.

Las semillas cuando se hierven son similares en su gusto a los garbanzos, también se pueden tostar. Frutos o vainas verdes se consumen cocidos y saben como judías verdes o habichuelas (frijolitos).

Algunos investigadores dan cuenta que de sus semillas negruzcas y redondeadas se extrae aceite con 73 por ciento de ácido oleico (similar al de oliva). Para muchos es un producto de alta calidad, poco viscoso y dulce, que en páginas como www.amazon.com se vende a 10 dólares un frasco de 120 mililitros, pero para otros solo tiene uso en perfumería y en engrasado de mecanismos.

Esas pequeñas bolitas maceradas pueden limpiar las impurezas de otros aceites refinados comercializados.

Probable es que los libros de cocina de las abuelas del futuro se enriquezcan con recetas que tomen como base al marango.

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