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Desprendimientos de hielo ponen en riesgo cascos de cruceros

No es fácil para los radares de los buques advertir la presencia de estos hielos conocidos como gruñidores por el ruido que provocan en los cascos

Hielo
Desprendimientos de hielo ponen en riesgo cascos de cruceros. | Internet

Redacción Central |

No es fácil para los radares de los buques advertir la presencia de estos hielos conocidos como gruñidores por el ruido que provocan en los cascos

Nuevos desprendimientos de hielo cuya dimensión real no se advierte en la superficie pueden poner en riesgo los cascos de cruceros que visitan anualmente la  Antártida y son monitoreados por equipos científicos.

“Estos hielos pueden ser semejantes a ver sobre el mar sólo el techo de una camioneta o un camión”, afirmó el glaciólogo  Ricardo Jaña, del Instituto Antártico Chileno.

El experto agregó que tampoco es fácil para los radares de los buques advertir la presencia de estos hielos conocidos como “gruñidores por el ruido que provocan en los  cascos”.

Jaña explicó que la plataforma Wilkins experimentó una fractura significativa en 1998, cuando tenía casi 20 kilómetros  de ancho y 250 metros de profundidad. En 2008 hubo otro colapso,  que redujo el puente a 2,7 kilómetros de ancho.

Aunque es difícil predecir el destino de estos hielos, en un plazo de hasta dos años podrían estar en “viaje” hacia la  Península Antártica.

La navegación por el extremo austral ya no será la misma y  así lo constató el 23 de noviembre de 2007 el crucero “Explorer”, que naufragó en el estrecho de Bransfield tras  chocar con un témpano con 100 pasajeros y 54 tripulantes que  fueron rescatados ilesos desde balsas.

El continente helado recibe un promedio cercano a las 40.000 visitas al año. A los operadores de los buques que salen desde  Chile se les pide contratar capitanes calificados para navegar  en la zona y oficiales de guardia que cubran el puente de mando,  aseguró el gobernador marítimo de Punta Arenas, capitán de navío  Erwin Miranda.

René Preller, jefe de expediciones turísticas antárticas, con  31 años de experiencia incluso en el Ártico, contó que en 1978  había dos barcos que hacían cruceros con 100 pasajeros cada uno,  mientras que en 2008-2009 hubo 43.

l navegar de noche, dice, encienden potentes focos: “Chocar  con un témpano es muy difícil, pero impactar hielos más pequeños  es factible”, admitió.

El aumento de témpanos y pequeños fragmentos de hielo en el  área de la Península Antártica revive el “factor Titanic”, la  tragedia del buque que naufragó tras chocar con un témpano en  1912, dejando 1.500 muertos en el Atlántico.

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