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Aurora, la tortuga tropical que se quedó a vivir en el Ártico

Hace millones de años, el Ártico era un lugar cálido que las especies asiáticas podían atravesar para emigrar hacia América

Redacción Central |

Hace millones de años, el Ártico era un lugar cálido que las especies asiáticas podían atravesar para emigrar hacia América

En ese camino rumbo a nuevos mundos, la tortuga aurora, un reptil tropical de agua dulce oriundo de Asia y muy parecido a las tortugas mongolas, decidió quedarse a vivir en tierras árticas.

Así lo afirman hoy científicos de la Universidad de Rochester (EEUU) en la revista “Geology”, donde explican que un fósil de esa especie hallado en el Alto Ártico canadiense les ha permitido comprender cómo era ese lugar hace 90 millones de años.

Hasta ahora, se pensaba que los animales que emigraron de Asia a América lo hicieron rodeando Alaska, pero el investigador John Tarduno y su equipo han descubierto que el Ártico era una región extremadamente cálida, sin rastros de hielo, que las especies podían atravesar.

El hallazgo se lo deben al fósil “increíblemente bien conservado” de la tortuga aurora, o aurorachelys, encontrado en 2006 durante una expedición para estudiar el paleomagnetismo del Polo.

“Sabíamos que hubo un intercambio de animales entre Asia y América al final del periodo cretáceo, pero este es el primer ejemplo de fósil encontrado en la región del Alto Ártico que demuestra cómo pudo haberse producido esa migración”, apunta Tarduno.

¿Y cómo una tortuga tropical pudo vivir en el Polo?

Cuando encontraron el fósil, estaba justo encima de unas capas basálticas resultantes de corrientes de lava procedentes de “gigantescas erupciones volcánicas”.

Tarduno sostiene que el calentamiento del Ártico se debió a la actividad de los volcanes, que emitieron “tremendas” cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera.

Si eso ocurrió en un corto periodo de tiempo, explica el experto, pudo haber originado un “súper efecto invernadero” hace 90 millones de años que hizo del Polo un lugar calentito y apacible incluso para las especies tropicales.

Porque la tortuga aurora no sólo pasaba por allí, sino que decidió quedarse y convertirse en nativa de la zona, como atestigua el fósil.

Gracias a este dato, el equipo científico pudo descartar la posibilidad de que una actividad tectónica de millones de años de duración hubiera desplazado el fósil desde climas cálidos del sur al Ártico.

Entonces, si la especie emigró en un momento dado, se erigía una gran incógnita de difícil resolución: cómo una especie de agua dulce atravesó el salado océano Ártico.

Tarduno también tiene respuesta para eso: hace millones de años hubo episodios en los que la superficie del océano concentró agua dulce procedente de muchos ríos de los continentes adyacentes.

El experto sugiere que en el tiempo en el que vivió la tortuga, el océano Ártico estaba más separado del sistema de circulación oceánica de lo que está hoy día.

Los ríos de la tierra cercana vertieron su agua dulce en el océano y, como es menos pesada que la salada, flotaba sobre ella, algo que permitió a animales acuáticos no marinos emigrar con “relativa facilidad”.

Pero la tortuga lo tuvo todavía más sencillo para llegar al Ártico.

Tras estudiar los flujos de lava masiva que cubren algunas de las islas del Alto Ártico, Tarduno ha llegado a la conclusión de que los mismos episodios volcánicos que erigieron esas rocas ígneas podrían haber originado una serie de islas en el marco de una cadena montañosa submarina.

Si algunos picos de la cordillera efectivamente sobrepasaron los niveles del mar, las auroras podían haber ido saltando de isla en isla desde lo que hoy es Rusia a Canadá.

Con estas hipótesis tan prometedoras, Tarduno ya está planificando otra expedición al Ártico para buscar más fósiles de animales que pudieran haber seguido el ejemplo de la tortuga aurora.

Si los encuentra, el científico podrá trazar una pintura más detallada del que en su día fue un Polo cálido.

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