Ciencia y Tecnología

La roca volcánica puede ayudar a reducir gases de efecto invernadero

Esas rocas basálticas podrían almacenar enormes cantidades de CO2 procedentes de plantas energéticas y otras fuentes

Redacción Central |

Esas rocas basálticas podrían almacenar enormes cantidades de CO2 procedentes de plantas energéticas y otras fuentes

Las rocas volcánicas depositadas en el fondo marino podrían ayudar a reducir los niveles de dióxido de carbono, un gas invernadero y agente del calentamiento global, afirma un estudio que publica la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Según los científicos del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, esas rocas basálticas podrían almacenar enormes cantidades de CO2 procedentes de plantas energéticas y otras fuentes.

La roca basáltica, que cubre la mayor parte de los fondos oceánicos, es lava endurecida que proviene de fisuras en esos fondos o de erupciones volcánicas.

Los científicos señalan que las reacciones químicas naturales que ocurren sobre una superficie submarina de 78.000 kilómetros frente a los estados de California, Oregón, Washington y la provincia canadiense de Columbia Británica podrían ser el depósito de una cantidad equivalente a 150 años de producción de CO2 en Estados Unidos.

“Estamos convencidos de que el fondo marino constituye una parte importante de la solución para el problema climático mundial”, manifestó en el estudio David Goldberg, geofísico del Observatorio Terrestre.

 Los reservorios basálticos son inmensos, accesibles y muy herméticos, “un enorme premio en la búsqueda de soluciones viables”, agregó.

Según el científico, una de las principales ventajas es el proceso químico que ocurre entre la roca basáltica y el CO2, que convierte a ese gas en un mineral sólido.

La búsqueda de fórmulas para almacenar el CO2 se ha hecho cada vez más urgente como resultado del calentamiento global y, según el informe, la industria petrolera ya ha utilizado algunos pozos petroleros agotados para depositar el gas.

Sin embargo, existe el temor de que esos pozos pudieran sufrir filtraciones a través de las cuales el gas volvería a la atmósfera y pondría en peligro a la población.

Goldberg y los científicos Taro Takahashi y Angela Slagel utilizaron estudios de excavaciones oceánicas en la placa Juan de Fuca, a unos 160 kilómetros de la costa occidental de EE.UU., para ubicar formaciones basálticas que podrían ser adecuadas para inyectar en ellas el CO2.

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