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Se multiplican advertencias sobre desastres por calentamiento

Washington – Los desastres causados por el calentamiento global están mucho más cerca de lo que se creía, a juzgar por las últimas advertencias de la comunidad científica

Calentamiento Global
Paisaje Natural bajo la influencia inagotable del Sol |

Redacción Central |

Washington – Los desastres causados por el calentamiento global están mucho más cerca de lo que se creía, a juzgar por las últimas advertencias de la comunidad científica

Un estudio divulgado esta semana por la revista “Geophysical Research Letters” señala que en menos de 35 años podría haber desaparecido la capa de hielo que cubre el Ártico.

La investigación realizada por científicos canadienses y estadounidenses señala que de continuar el ritmo actual de acumulación de gases invernadero, para el verano de 2040 sólo quedará una pequeña franja de hielo perpetuo en el norte de Groenlandia y Canadá.

Bruno Tremblay, científico de la Universidad McGill de Montreal y uno de los autores del estudio, manifestó a la televisión canadiense que la desaparición de la capa de hielo en el Ártico tendrá un efecto multiplicador.

“Las aguas abiertas absorben más luz que el hielo. Esto significa que las crecientes regiones de agua libres de hielo acelerarán la tendencia de calentamiento global”, afirmó.

Los científicos calculan que en 20 años el ritmo de desaparición del hielo en el Ártico podría multiplicarse por cuatro y alcanzar un punto de no retorno.

La subida de los niveles del mar como consecuencia del deshielo que, según otros estudios difundidos este año, también se observa en la Antártida, podría tener efectos devastadores en distintos lugares del planeta.

Laura Moore, del Departamento de Geología del Colegio Oberlin, advirtió ante la Unión Geofísica de EEUU, reunida esta semana en San Francisco (California), del peligro que acecha a las islas que protegen el literal de la costa atlántica del país.

Una de esas islas es Miami Beach, en Florida, un centro turístico que podría desaparecer, cubierto por las aguas, antes de finalizar el siglo.

Otro archipiélago que forma una barrera entre el mar y las costas atlánticas son los “Outer Banks”, a lo largo del litoral atlántico del estado de Carolina del Norte.

Según manifestó Moore, las islas-barrera pueden ser vulnerables a un colapso y “para los hijos de nuestros hijos podrían ser realmente muy diferentes” de lo que son ahora.

A esa advertencia se unió Asbury Sallenger, un oceanógrafo del Instituto Geológico de EEUU, quien mostró imágenes de las islas Chandeleur, en el Golfo de México, que fueron barridas por el huracán “Katrina” el año pasado.

Esas islas no están habitadas pero constituyen un hábitat protegido de miles de especies de animales y plantas y su erosión ha continuado después del huracán. Si la subida de los niveles del mar se acelera, “tal vez sea poco lo que podamos hacer para impedir un desastre”, indicó.

Un informe de un Grupo Intergubernamental para el Estudio del Cambio Climático ya advirtió en 2001 de que el nivel de los mares podría subir entre nueve y 88 centímetros para 2100.

Otro estudio presentado esta semana en la reunión de San Francisco, aunque no apunta al cambio climático como responsable directo, confirma una modificación en la distribución de los recursos hidrográficos del planeta.

Según los científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), el principal centro estadounidense de exploración robótica del sistema solar, esos cambios pueden observarse a través del satélite “Gravity Recovery and Climate Experiment (GRACE) de la NASA.

Los datos aportados por GRACE durante los últimos años han permitido determinar variaciones en más de 50 cuencas fluviales en casi todo el mundo.

Esas variaciones reflejan modificaciones en el nivel del agua acumulada en ríos, lagos y embalses; en las llanuras, en forma de hielo y nieve; y en los acuíferos del subsuelo, Según el JPL, varias cuencas fluviales africanas, como las de los ríos Congo, Zambezi y Nilo, han experimentaron una importante pérdida de caudal en los últimos cinco años, mientras que en las cuencas del Mississippi y del Colorado, en EEUU, se ha producido el efecto contrario.

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